El operario, de 24 años, estaba cargando el objeto, utilizado en el Ayuntamiento, cuando la plataforma elevadora del vehículo cedió; varios hosteleros, transeúntes y trabajadores municipales le liberaron y auxiliaron hasta la llegada de la UVI móvil
¿Cómo pudo suceder? ¿Qué es lo que falló? Y, lo más importante… ¿De quién es la culpa? Son esas, y muchas otras, las preguntas que esta mañana monopolizan las conversaciones entre quienes, alrededor de las 10 horas, se hallaban en la plaza Mayor de Gijón. En ese momento, entre la sorpresa y el pánico de los testigos, una caja fuerte de unos 500 kilos, que estaba siendo cargada de un camión perteneciente a una empresa privada, caía sobre uno de los trabajadores encargados de la maniobra, un joven operario de 24 años, atrapando la mitad inferior de su cuerpo y aplastándole las piernas. Varias personas presentes en las inmediaciones corrieron a liberarle y a tratar de auxiliarle, y permanecieron a su lado hasta que llegaron los sanitarios; por fin, sobre las 10.27, era evacuado de urgencia al Hospital de Cabueñes, a bordo de una UVI móvil. Su pronóstico, por ahora, es desconocido, y las autoridades están tratando de determinar qué fue lo que motivó el hecho, a todas luces un nuevo ejemplo de accidente laboral.
Varios de esos ciudadanos solidarios que acudieron en auxilio del desdichado profesional -fundamentalmente hosteleros de la plaza, clientes de estos últimos, transeúntes, agentes de la Policía Local y trabajadores de las dependencias municipales- relataban a este periódico que el suceso se produjo cuando la caja fuerte -una de las utilizadas en la Casa Consistorial para almacenar documentación- se encontraba sobre la plataforma elevadora del camión. Por razones que tendrán que investigarse, dicha plataforma cedió y se hundió cuando ya estaba casi a la altura del compartimento de carga del vehículo. Perdida la horizontalidad, con una superficie inclinada bajo sí e impelida por su media tonelada de peso, la mastodóntica pieza se deslizó fuera de la plataforma, cayendo a plomo sobre el trabajador. Afortunadamente el joven, que «no paraba de gritar de puro dolor», no perdió la consciencia en ningún momento; es más, los mismos testigos afirman que, cuando entre varios pudieron quitarle de encima la caja, «movía un poco las piernas».
En el escenario se personaron también unidades de la Policía Nacional; sus agentes realizaron las primeras inspecciones, antes de ceder el testigo a la Guardia Civil, encargada de instruir las diligencias. A la espera de conocerse el resultado de sus pesquisas, por ahora lo único que queda son un buen puñado de dudas sin respuesta, y mil y una teorías sin confirmar sobre lo que, en el fondo, pudo pasar.


