Según apuntó un miembro de la Federación de Baloncesto del Principado de Asturias al término del encuentro, fue «la mejor final del año de todas las competiciones»

Mañana de baloncesto y liga de padres en el Palacio de Deportes La Guía. Pero también mañana de emoción, de nervios, de dos prórrogas y de una final que acabó siendo mucho más que un partido. El Gijón Basket 2015 Corpi se proclamó campeón de liga tras imponerse al C.B. Pumarín por 94-92 en un encuentro memorable, igualado hasta el último segundo y digno de una competición que volvió a demostrar que el baloncesto también se vive con enorme intensidad fuera de los focos profesionales.
Fue una final de las que hacen afición. Un partido enorme, intenso y precioso, que pudo caer de cualquiera de los dos lados y que acabó convertido en una auténtica oda al baloncesto. De hecho, según apuntó un miembro de la Federación de Baloncesto del Principado de Asturias al término del encuentro, fue “la mejor final del año de todas las competiciones”. Y no era una frase exagerada: lo vivido sobre la pista tuvo ritmo, carácter, calidad y una enorme carga emocional.
El Gijón Basket llegaba a la final después de una temporada muy sólida, pero enfrente tenía a un rival de máximo nivel. Pumarín demostró durante todo el encuentro por qué había llegado hasta allí. Fue un adversario durísimo, competitivo, con oficio y con una enorme capacidad para agarrarse al partido incluso en los momentos más complicados. Un digno finalista que obligó al campeón a sacar lo mejor de sí mismo.
La clave del triunfo gijonés estuvo en su juego coral. Gijón Basket no ganó desde la dependencia de una sola individualidad, sino desde el esfuerzo colectivo, la circulación, la defensa, el rebote y la capacidad de todos para sumar en momentos distintos. Cada jugador aportó en algún tramo del encuentro, ya fuera con puntos, energía, ayudas defensivas o calma en los minutos de mayor presión.
El partido fue una montaña rusa. Pumarín arrancó mejor, con un primer cuarto muy serio, pero Gijón Basket fue encontrando poco a poco su ritmo. El equipo gijonés respondió en el segundo y tercer cuarto, recuperó sensaciones y llegó al tramo decisivo con opciones de llevarse el título. Sin embargo, Pumarín nunca se rindió. La final entró entonces en una fase de máxima igualdad, con los dos equipos intercambiando golpes, errores provocados por la tensión y aciertos de enorme mérito.
Uno de los momentos decisivos llegó a falta de apenas dos minutos para el final, cuando Álex del Solo firmó una de las acciones de la final: un 3+1 que levantó al banquillo, encendió a la grada y dio un impulso anímico fundamental a Gijón Basket en el momento más caliente del partido. Fue una jugada de carácter, de talento y de valentía, de esas que cambian inercias y quedan en la memoria de una final.
Pero ni siquiera entonces estaba todo decidido. La igualdad fue tal que el encuentro necesitó dos prórrogas para encontrar campeón. Dos tiempos extra que reflejaron perfectamente lo que había sido la final: dos equipos vaciándose, jugadores exhaustos, cada posesión convertida en un pequeño drama y la sensación permanente de que cualquier detalle podía decidir la liga.
Al final, Gijón Basket resistió mejor. Con el corazón, con la cabeza y con ese punto de confianza que dan las grandes temporadas, el conjunto gijonés logró cerrar el partido por 94-92 y levantar un título tan trabajado como merecido.
La victoria corona una temporada sobresaliente para Gijón Basket 2015 Corpi, pero también deja una imagen muy positiva para toda la competición. Porque finales así engrandecen al campeón, sí, pero también al rival y al propio baloncesto asturiano.
Gijón Basket es campeón. Pumarín fue un rival extraordinario. Y La Guía fue testigo de una final para recordar.