Más de un centenar de personas respondió al llamamiento hecho por la Asociación ‘San Miguel’ y, con el buen tiempo como augurio supremo, participó en el almuerzo de hermandad que la parroquia acogió
Hubo todo cuanto cabría esperar en una folixa así: tortillas de los más dispares tamaño y condición, filetes empanados de cualquier carne imaginable, ensaladillas elaboradas con esmero, compactas empanadas, barras de pan grandes como traviesas de tren, sidra a esgaya debidamente escanciada… Y vino, claro. Y también bollos preñaos, por supuesto. En fin, un despliegue gastroetílico masivo, completo, variado y, sobre todo, a la altura de las circunstancias. Digno, qué duda cabe, de la celebración que la parroquia de Serín acogió ayer domingo. Porque tanto habitantes como visitantes -hasta más de un centenar de personas en bloque- se sumaron a los festejos sacramentales por el Día del Socio, organizados, como dicta la tradición, por la Asociación Vecinal ‘San Miguel’ del lugar.
Que el sol reinase en el firmamento, y el calor apretase durante la jornada, fueron ingredientes clave para semejante éxito, centralizado en la comida de hermandad en la que, además, se repartió entre los socios el mencionado bollu y la botella de vino. No obstante, tampoco faltó el componente solemne y religioso, al que dio forma la misa oficiada instantes antes de esa multitudinaria comida. Fue, en definitiva, una fiesta tradicional y humilde, sí, pero en la que la felicidad se erigió en principal valor, y que ha llevado a no pocos lugareños a fantasear ya con la cita del año próximo… Aunque, antes de ella, todavía quedará gozar de las fiestas de la parroquia propiamente dichas, en honor a Nuestra Señora de Covadonga, y fechadas del 5 al 8 de septiembre.


