El texto, que recoge hasta 54 enmiendas presentadas por PSOE, IU y Podemos, refuerza la protección de los animales frente al abandono y el maltrato, reduce el riesgo de conflictos , y define el marco legal y sancionador
Para Sara Álvarez Rouco la norma nace a remolque de la Ley de Bienestar Animal, ampliamente cuestionada por Vox, y «pretende humanizar a los animales mientras se olvidan los problemas reales de las personas»

Quince años es mucho tiempo. Sobre todo, cuando se aborda algo tan sensible como la relación entre humanos y animales domésticos, y más aún en un contexto en el que dicho nexo cambia y se refuerza cada poco tiempo. Partiendo de esa base, que la Ordenanza de Bienestar Animal aún hoy vigente en Gijón date del lejano 2011 da la medida de hasta qué punto puede haberse quedado desfasada. Sin embargo, desde este miércoles la ciudad está un paso más cerca de ver subsanada la obsolescencia de esa norma. En una votación convertida en uno de los asuntos más relevantes abordados en el Pleno de julio, casi la totalidad de la Corporación dio el visto bueno a la nueva Ordenanza de Bienestar Animal, oficialmente nacida del seno de la Concejalía de Medio Ambiente, sí, aunque, en la práctica, fruto de un trabajo de consenso descrito como «ejemplar», que permitió la aceptación de hasta 54 enmiendas presentadas por la oposición. Y es aquí donde la palabra usada hace unas líneas, ‘casi’, cobra sentido… Porque hubo un partido que ni aportó enmienda alguna, ni emitió un voto de apoyo: Vox, crítico con un texto que considera una mera extensión de la «ideologizada» Ley de Bienestar Animal nacional.
Si bien la de ayer fue una aprobación inicial, y no se espera que la definitiva ocurra hasta octubre, como pronto, desde hace semanas se ha ido dando la medida de la trascendencia de su contenido. De forma muy resumida, la Ordenanza pretende garantizar la protección de los animales frente a casos de abandono y maltrato, definiendo un marco normativo claro, con sus consiguientes sanciones en casos de incumplimiento. De la mano de lo anterior, el texto multiplica el grado de responsabilidad de los dueños de animales domésticos a la hora de asegurar ese bienestar, al tiempo que concreta qué conductas son admisible, y cuáles no, en ámbitos tan susceptibles de interpretaciones como el uso del espacio público, la utilización de elementos de control de las mascotas, la recogida de deposiciones o el cuidado de colonias felinas. El objetivo de ello es reducir cuando se pueda el riesgo de conflictos vecinales, al tiempo que se vela por ofrecer espacios limpios y adecuados en el conjunto de la ciudad. Y de ahí parten nuevos deberes, como mezclar la orina con agua, identificar claramente a los gatos, o llevar a los perros con correa en todos aquellos espacios en los que no se especifique lo contrario.
«Se pretende humanizar a los animales, mientras se olvidan los problemas reales de las personas»
Sara Álvarez Rouco, portavoz de Vox Gijón
Fue, como se ha indicado, un proceso largo y complejo, en el que, recordó Rodrigo Pintueles, responsable de Medio Ambiente, «se recibieron más de 700 aportaciones», tanto de partidos como de colectivos animalistas y de ciudadanos. Ese espíritu de consenso, de trabajo en equipo, quedó reflejado durante el Pleno. Ni el PSOE, ni IU, ni Podemos escatimaron elogios y agradecimientos a la estructuración de la labor y a la apertura de miras del área autora del documento, aun concediendo que la Ordenanza no es exactamente la que ninguna de esas tres formaciones habría realizado.
¿La nota discordante? Vox. Completamente desconectada de la negociación desde el minuto uno -hasta el punto de que ni siquiera presentó enmiendas-, la formación que lidera Sara Álvarez Rouco volvió a plantear su «rechazo frontal» a la nueva norma, como a la Ley de Bienestar Animal, «que rechazamos porque creemos que responde a intereses ideológicos». Para la concejala, la raíz está en esa norma estatal, con la que «se pretende humanizar a los animales, mientras se olvidan los problemas reales de las personas». Problemas que, a su parecer, pasarían por un ataque a la propiedad privada, especialmente en el medio rural, debido a una hipotética amenaza de los intereses de cazadores y ganaderos. «No defenderemos que al vecino se le trate como a un sospechoso permanente», zanjó Rouco.
«habla de medio rural, de caza… Esta Ordenanza trata de animales domésticos; no sé de qué está hablando«
Rodrigo Pintueles, concejal de Medio Ambiente, a Sara Álvarez Rouco, portavoz de Vox
Con un tono que revelaba su posición a medio camino entre la sorpresa y la diversión, Pintueles respondió a la concejala de Vox. Para empezar, admitió no comprender el sentido de los argumentos lanzador por Rouco; «habla de medio rural, de caza… Esta Ordenanza trata de animales domésticos, así que no sé de qué está hablando», apuntó el titular de Medio Ambiente. Aun así, este último admitió que el rechazo a la nueva norma por parte de la fuerza en la oposición ya se veía venir, con pruebas como que, durante la evaluación de las enmiendas, «votó hasta en contra de las correcciones ortográficas y sintácticas; no sabía que estaba usted en contra de la gramática española…». En cualquier caso, Pintueles optó por apartar a un lado la postura de Vox, y concluyó enfatizando que con la Ordenanza se logrará «una regulación coherente, moderna y eficaz, que nos permitirá avanzar hacia un modelo de convivencia basado en la responsabilidad».
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