sábado, abril 17, 2021
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Y de repente el BEI

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Con el BEI por delante, el Ayuntamiento da carpetazo a todo este debate de la estación intermodal. Como diría el otro: farfolla


Hace unos días, Aurelio Martín, concejal de movilidad y medio ambiente de Gijón, explicaba, con un didactismo brillante y locuaz, los motivos por los que sería inevitable trasladar la estación intermodal al entorno de la calle Sanz Crespo. Y añadía, con buen criterio, que la centralidad de las comunicaciones ferroviarias de Gijón estaría determinada por las siete estaciones del Metrotrén antes que por la mayor o menor grandeza de la Estación Intermodal. Añadía con determinación que la mejor opción siempre será ubicarla en el barrio de La Calzada porque de esta forma, la brecha que divide el barrio del resto de Gijón desaparecería por completo. Y a mí todo esto me parece formidable. No habría un solo pero que añadir a sus reflexiones, pero sí una pregunta que todavía no tiene respuesta: ¿Dónde queda la responsabilidad democrática asumida por las decisiones adoptadas con el consenso de todos los partidos?

Y no se trata ahora de ser un fundamentalista democrático, pero es fácil comprender que la pandemia se ha llevado por delante algunos planteamientos básicos de nuestra democracia bajo el amparo del Estado de Alarma, el maniqueísmo entre la bolsa y la vida y el paternalismo de otros. Ponderar el papel de los partidos políticos que tienen representación en el Ayuntamiento, el movimiento vecinal y sobre todo, el valor de sus decisiones, es al menos, relevante para determinar la calidad democrática de nuestras instituciones, cuando esas decisiones políticas van a condicionar el futuro de una ciudad durante unas cuantas décadas.

«Improbable». Así definía un comunicado del Banco Europeo de Inversiones su valoración de la posible financiación de la Estación Intermodal. No le reconocen viabilidad técnica ni tampoco económica. De esta manera, con el BEI por delante y apareciendo en un tercer acto dramático como un Deus ex máchina, el Ayuntamiento da carpetazo a todo este debate del consenso. Como diría el otro: farfolla.

“La concejal de Hacienda nos quiere decir que no hubo ni habrá estudios ni tampoco informes”

Recapitulemos. El famoso consenso de 2019 fue impulsado por Carmen Moriyón, que rompía el proyecto aprobado por todas las administraciones de Gijón al Norte años antes, en vísperas de unas elecciones municipales. Aun recuerdo la campaña de la Federación de Asociaciones de Vecinos, presidida por Tita Caravera, apoyándola, en un ejercicio ejemplar de lo que siempre ha sido bailar el agua. Aquella movilización logró concitar la unanimidad de los partidos en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, unanimidad registrada en un foto inefable que pasará a la historia local de la infamia. La propuesta defendida por FORO fue un farol al resto de formaciones políticas, que no tuvieron valentía alguna en rechazar. Todos tragaron con él, ya que nadie estuvo dispuesto a descolgarse de un acuerdo a unos meses de unas elecciones.

Afirmaba ayer Marina Pineda, concejal de Hacienda y portavoz del grupo de gobierno municipal, rotunda y diáfana, que del consenso del 2019 sólo hay un papel y nada más, o sea, un burdo acuerdo que no va y nunca fue ninguna parte. Nos quiere decir que no hubo ni habrá estudios ni tampoco informes. Concluimos que, tanto individualmente como en su conjunto, los partidos representados en el Ayuntamiento se han estado haciendo trampas al solitario hasta ahora. Y eso nos ha costado tiempo y dinero. De modo que, llegados a este punto, la pregunta que nos va a explotar a todos en la cabeza es la siguiente: si nunca hubo un solo documento técnico ni financiero que justificase ese acuerdo, ¿de qué diablos nos han estado hablando todos ellos desde entonces?

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