
«Parece que no importan los estudios científicos»

No hay semana que no se pueda leer o escuchar en nuestro territorio alguna noticia que mencione ésta o aquella especie de fauna como la causante de todos los males que caen sobre el medio rural de Asturias. Hasta el punto de poder leer declaraciones que pasan del ‘terraplanismo’ al comentario de chigre de tres de la mañana, sin un ápice de rubor, ni por parte de quien emite el mensaje ni, mucho menos, por parte de quien lo replica y da altavoz. Porque, si no nos tomamos con cierto humor la última ocurrencia que tiene que ver con nuestra diversidad… ¿Cómo nos la vamos a tomar? Y me refiero al ‘asunto salmón’.
No sé cuántas entrevistas he leído de gente que pesca salmones, quejándose de que ya no pescan salmones, y dejando claro que la culpa es de todos, menos de quien pesca los salmones. Vamos, como si los cazadores se quejaran de que ya no hay linces boreales para cazar, cuando se extinguieron a base de cazarlos. En fin… Cierto es que el asunto del salmón es mucho más complejo que la pesca. Pero aquí entramos en otro tema con el que hay que tener cuidado, que son las aseveraciones de muchos pescadores sobre los causantes del declive de la especie. Las nutrias, los cormoranes, las garzas, los árboles, la vegetación… Infinidad de motivos con ningún aval científico para justificar la disminución de salmones en los ríos astures. Pero da igual. Si en una noticia dijera un señor, cuyo currículum consiste en pasar por delante de un centro de salud en su paseo mañanero, que para curar una apendicitis lo que hay que hacer es pintarse la cara de colores, y esa exhortación tuviera más espacio que la de una médica explicando su tratamiento, sería algo bastante llamativo, ¿no?
Bueno, pues ese es el tratamiento que se le da a los temas ambientales por parte de demasiados sectores en Asturias. Parece que no importan los estudios científicos que afirman que es esencial no sólo preservar los bosques de ribera, sino evitar la fragmentación de estos biotopos, ya que son esenciales para favorecer la biodiversidad de las especies que habitan el cauce de un río, facilitando alimento, filtrando contaminantes, regulando la temperatura del agua y ofreciendo refugio. No, según estos ‘expertos’ lo que hay que hacer para que haya salmones es «limpiar» la vegetación, talar los bosques y que entre el sol en el río. Idea que se traslada a prácticamente todos los gestores municipales del territorio, cuya máxima es arrasar con las riberas para «limpiar». Que haya un carro del Mercadona, un somier, montones de cuchu, plásticos de ensilar y un tubo de dudosa procedencia en un cauce no afecta a los salmones, pero los árboles, sí. Por no hablar del equilibrio entre depredadores y las demás especies, que, a estas alturas de la película humana, está más que estudiado y evidenciado. Y, claro, que la pesca del salmón tiene derivadas con el propio ciclo de vida del pez que van más allá de su recorrido en los cauces asturianos. Precisamente, lo que en ningún caso beneficia a las reducidas poblaciones de salmón es pescarlo. O, al menos, hacerlo mientras que la especie avanza hacia la extinción en nuestros ríos.
Pero, y aquí viene la otra, a la vista de las declaraciones de algunos de los representantes públicos que tenemos, podemos echarnos a temblar (y los salmones, más). No los voy a citar; voy a limitarme a pedir a esa gente progresista que está en cargos públicos que, por favor, no se dejen llevar por los disparates que dicen cuatro o cinco bajo el mantra de «Toda la vida se hizo». Toda la vida se quemó esto, toda la vida se tiraban los restos de poda al río, toda la vida esto y toda la vida lo otro. Supongo que los que defienden las teorías basadas en esta ‘evolución tradicionalista’ defenderán que toda la vida la mujer cocinaba, toda la vida se fumaba en todas partes, o toda la vida lo que sea.
No sé si me he liado un poco con la argumentación. Seguramente sí, pero acabo pidiendo solamente que, cuando se hable de naturaleza, que se aborde el tema con un poco de rigor, como mínimo, al considerar las opiniones ‘populares’ y las opiniones científicas. Porque es un bien de todos, es también un deber de todos preservar el medio natural, y no podemos dejarlo en manos de quienes tienen algún interés personal, ya que, si seguimos así, mañana no habrá nada que proteger, ni disfrutar.