Rubén Rosón y Jorge Fernández declaran este miércoles ante el juez, en el arranque de un proceso que determinará el grado de culpabilidad de los seis atacantes detenidos; «esto va más allá de los partidos», advierte Fernández, y recalca que «hasta la gente de derechas sabe que no se puede tolerar»

El día de la verdad ha llegado. Mejor dicho, lo ha hecho aquel en que la Justicia tendrá conocimiento directo de una de las versiones sobre la agresión que el pasado 11 de septiembre, en plenas fiestas de San Mateo, sufrieron los militantes de Asamblea Moza d’Asturies (AMA) Rubén Rosón y Jorge Fernández, a manos de ocho jóvenes, de los que seis fueron identificados, detenidos y, posteriormente, puestos en libertad. Porque esta mañana, a las 12.30, Rosón y Fernández prestarán declaración en el Juzgado de Instrucción Número Dos de Oviedo -al que se ha trasladado la causa desde el inicial Número Tres-. La cita, pues, promete equilibrar la balanza de los testimonios, después de que los presuntos atacantes aportasen los suyos el día 17 -tras lo cual quedaron en libertad provisional, aunque con una orden de alejamiento de doscientos metros-. Y es fácil entender que para los dos agredidos están siendo horas de tensa espera y de cierto nerviosismo, lógicamente, pero también de ansias de dar este paso… Y de comprobar hasta qué punto el sistema judicial realmente funciona del mismo modo para todos. El propio Jorge Fernández no ha duda en reflexionar sobre ello con este diario.
«Entendemos que la declaración de hoy es parte del proceso, pero estamos ansiosos por comprobar si la Justicia actúa igual independientemente de con quién juegue al golf tu padre», analiza el miembro de AMA, quien quedó inconsciente el día de autos, a consecuencia de la paliza recibida. Sus palabras son una referencia directa a uno de los argumentos esgrimidos por la defensa de los supuestos agresores: la teórica buena cuna de los mismos. De hecho, sus propios abogados, en declaraciones hechas a los medios hace una semana, argumentaron que todos ellos «vienen de buena familia; es decir, que no tienen ningún problema ni económico, ni social, ni nada de eso». Palabras que, desde que trascendiesen, ha inflamado aún más el rechazo social al ataque perpetrado. «Da la sensación de que quieren trasladar cierta idea de impunidad; de que, al ser hijos de personas poderosas de la ciudad, o que están bien relacionadas con el Ayuntamiento, pueden hacer lo que les dé la gana sin consecuencias», incide Fernández. A ese respecto, es justo recordar que un día después del suceso el alcalde ovetense, Afredo Canteli, del PP, se confesó escéptico de que los atacantes fuesen «tan mala gente», lo que ha alimentado múltiples teorías -ninguna confirmada- sobre un posible conocimiento de sus identidades por parte del regidor.
«Buscan que tengamos miedo, pero que les quede claro: nosotros somos muchos más que los violentos»
Jorge Fernández

Sea como sea, tanto Fernández como Rosón están decididos a que el proceso, que se halla en sus fases más embrionarias, contribuya a quebrar de una vez por todas, y para siempre, esa supuesta percepción de impunidad. Y no solo ellos aspiran a tal cosa… En torno a ellos se ha formado una vastísima legión de simpatizantes, que ya mostró su fuerza en las protestas de los días 12 y 19 de septiembre, y que «nos sigue mandando mensajes de apoyo». Personas, por cierto, entre las que se cuentan no pocos ciudadanos «que votaron a la derecha» y que, sin embargo, «no entienden ni que haya sucedido algo tan grave, ni que el Ayuntamiento tardase tanto en condenarlo». De hecho, no fue hasta el día 16, el mismo en que los seis agresores fueron detenidos, cuando Canteli, acosado por las críticas tras sus primeras palabras, emitió un comunicado de condena. Ese matiz, a criterio de Fernández, demuestra a las claras que «hay una brecha enorme entre lo que dice la gente normal, que nos apoya y nos anima, y lo que dicen algunos sectores; gracias a lo que pasó, las actitudes de todo el mundo están quedado claras».
Dentro de la etiqueta ‘algunos sectores’ se incluye a los autores de las «miles de amenazas y mensajes de odio» que Fernández y Rosón aseguran estar recibiendo a través de las redes sociales, reunidas en un dosier de casi doscientas páginas que sus dos destinatarios presentaron el viernes pasado. «Algunos son bots, otros son personas reales, pero todos buscan el mismo objetivo: que tengamos miedo», puntualiza el primero de ambos agredidos. Suponiendo que verdaderamente haya una campaña organizada para amedrentarles, como Fernández sugiere, no parece que esté dando los frutos esperados. «A nosotros ver dos días después cómo salió la gente nos emocionó; la extrema derecha ha perdido todos los límites, y está tratando de normalizar la violencia en las calles, pero el conjunto de la ciudad tiene claro que lo que ocurrió en la plaza de la Catedral no se puede repetir», sentencia. Por eso, sus últimas palabras con este diario, antes de seguir mentalizándose para la gran cita de hoy en el Juzgado, tienen el tono, la forma y el inconfundible contenido de una advertencia: «que les quede claro: nosotros somos muchos más que los violentos».