Los vándalos arrancaron figuras, mutilaron piezas e, incluso, quemaron los pezones de una de las efigies; las muestras de solidaridad se han sucedido en las últimas horas, incluida la del artista Rodrigo Cuevas
Mientras la organización se afana en dejarlo todo a punto para el gran inicio de este viernes, se ruega a los vecinos del barrio que estén atentos ante cualquier conducta sospechosa en la carpa, y den aviso si la presencian
Ha sido un duro golpe el que Cimavilla se ha llevado en las últimas veinticuatro horas. Uno más de hecho. Y puede que no sea la primera vez que algo así sucede, pero parece que acostumbrarse a ello no es ni posible, ni tampoco deseable. Un día después de que alguien irrumpiese en la carpa de las fiestas del lugar y destrozase varios de los elementos de la decoración -ya de por sí más escasa este año que en ediciones precedentes-, la Comisión de Festejos se afana en reponer las pérdidas y dejarlo todo a punto para el arranque de unas celebraciones que comenzarán este viernes y se prolongarán hasta el 13 de septiembre. La experiencia y el ‘callo’ ayudan a ello, por supuesto, pero eso no quita que cierta sombra de desazón siga planeando sobre el ‘barrio alto’ de Gijón… Si bien es cierto que las numerosas muestras de solidaridad no están dejando de fluir desde que se conociese el suceso. Eso, admiten, ayuda.
Las imágenes compartidas por la propia Comisión en sus redes sociales muestran a las claras el alcance de la ‘hazaña’. En algún punto de la noche del lunes al martes alguien irrumpió en la carpa, ubicada en la base del Cerro, y se entretuvo mutilando varias de las piezas que se estaban terminando. El ‘héroe’ -o ‘los’, porque no se descarta que la autoría corresponda a más de una persona- arrancaron colas de animales, seccionaron garras de dragón, decapitaron a varios personajes y desmembraron a conciencia a un pobre Buzz Lightyear que prometía hacer las delicias de los más pequeños. Incluso, en un arranque de retorcida sordidez sexual, quemaron deliberadamente los pezones de cierta figura femenina. ¿El balance? «Horas de trabajo mandadas a la mierda», confiesan los organizadores, hartos de una dinámica que se repite año tras año. «Debe ser una tradición más de las fiestas que todavía no conocíamos: verbena, actividades, sidra y entrar en la carpa a hacer el cafre», bromean en las redes, tirando de ácido humor.
Como se ha dicho, y puesto que, en ocasiones, lo bueno prima sobre lo malo, los gestos de apoyo se llevan sucediendo desde entonces; incluso el afamado artista Rodrigo Cuevas se ha sumado a esa marea, publicando el sentido mensaje «Qué triste ser eses persones. Munchu ánimu. Vosotros sois exemplares». Más allá del evidente incivismo demostrado con este ataque, lo ocurrido devuelve al foco la enquistada queja por la falta de atención que, aseguran en la Comisión, el Ayuntamiento dedica a las fiestas de Cimavilla. Con la gran esperanza de que una parte del edificio de Tabacalera se les facilitase hace ya tiempo enterrada, los autores de las celebraciones siguen reclamando ayuda municipal; en especial, en lo referente a contar con un espacio adecuado para la crear y almacenar la decoración. De todos modos, y puesto que la necesidad es la madre de la imaginación y de la solidaridad, a falta de seguridad profesional la Comisión ha pedido a los vecinos del barrio que «si veis a alguien entrando en la carpa cuando no debe, avisad». Porque, reflexionan a modo de colofón, «las fiestas son de todos, pero lo que hay dentro lleva el trabajo, el tiempo y la ilusión de unos cuantos».