La sidrería Román se alza como autora de la mejor receta tradicional, mientras la taberna Alalunga obtiene el galardón a la propuesta más innovadora; Pili Ramos, de Los Pomares, es la primera merecedora del recién creado Premio ‘Gracies’

Cualquiera que ame la gastronomía asturiana no se cansará de repetirlo: hay mucho mundo más allá de la fabada, del cachopo, del pote y de ese abanico selecto de creaciones culinarias que pronto acuden a la mente cuando se piensa en la región. Ahí está el rollo de bonito del norte, sin ir más lejos. Una de esas joyas procedentes del mar, magnífica en vida y deliciosa en plato, que nativos y foráneos aprecian por legiones, y que se ha convertido en todo un referente de la cocina autóctona ligada a las aguas. Es por eso por lo que la marca ‘Gijón Bonito’, la gran criatura de Nortegráfico, ha pasado dos años reconociendo a los restaurantes autores de la mejor receta. Y este miércoles dicha cita vivía la culminación de su tercera edición, con la Escuela de Hostelería y Turismo como escenario, y el prestigioso Club de Guisanderas como jurado. Nada menos que ocho restaurantes vinculados a la marca, de los treinta participantes, se han hecho merecedores de los Premios Rollo de Bonito 2026. Y, mientras la sidrería Román alzaba el galardón a al mejor receta tradicional, la taberna Alalunga hacía lo propio como autora de una reinterpretación del clásico. Dos enfoques distintos, aunque coexistentes, para una cita que vivió también la primera concesión del Premio ‘Gracies’ a la trayectoria gastronómica, concedido a Pili Ramos, la artesana tras los fogones de la sidrería Los Pomares.
Con la colaboradora de ‘Gijón Bonito’ Cristina Moltó ejerciendo de maestra de ceremonias, y Vicente Fernández, gerente de Nortegráfico, y Jesús Martínez Salvador, concejal de Festejos, como autoridades, el evento tuvo un carácter curioso. No por alguna anécdota, sino porque, si bien cada una de ambas categorías contempla solo tres puestos, en el caso de la de recetas tradicionales tres negocios compartieron el bronce. Fueron la parrilla La Carbayera, la sidrería Villa Lucía y el restaurante El Chaflán, repitiendo un empate de puntos del jurado que ya se vivió en la primera edición del certamen -si bien, en aquella ocasión, en un segundo puesto-. Entre esos tres locales y la sidrería Román, el Plaza El Santu fue designado merecedor de la medalla de plata en la citada categoría. Por comparación, todo resultó más ajustado a lo habitual cuando tocó valorar las nuevas versiones del rollo de bonito. Así, al éxito cosechado por Alalunga siguió el segundo puesto de El Borne by Galán de Alejandro, al tiempo que La Tonada de Montevil se colgaba del cuello el bronce. Finalmente, merecieron menciones La Montera Picona de Ramón, único local finalista de esa última categoría, y el llagar El Mancu, el Somió Park, la parrilla El Yantar, la sidrería Boal, el restaurante La Galana y el PatiOh! de La Laboral, que compartieron ese mérito en el caso de la división tradicional.

Todos los reconocimientos anteriores -entregados por personalidades como el concejal de Relaciones Institucionales, Jorge González-Palacios; Daniel Ruiz, gerente del Consejo Regulador de la DOP ‘Sidra de Asturias’, o Toño Migoya, director de Fundación Gijón Rural– merecieron aplausos y vítores, aunque ninguna ovación igualó a la obtenida por Pili Ramos. La veterana cocinera, miembro de pleno derecho del Club de Guisanderas, apenas pudo articular palabra cuando se le ofreció colocarse ante el micrófono, limitándose, estando como estaba al borde de las lágrimas, a dar un agradecimiento general a ‘Gijón Bonito’, al Ayuntamiento, a los patrocinadores y a todos sus compañeros, por elegirla y por su apoyo en «un año que ha sido muy difícil». De resumir las razones de dicha elección se encargó Martínez Salvador, quien no perdió la ocasión de describir a Ramos como «una de las verdaderas guardianas de la gastronomía tradicional asturiana», no sin antes reconocer cierto mérito de Gijón: el de que «no haya otro concejo en el mundo en el que se consuma tanto bonito como en el nuestro». Por su parte, Vicente Fernández puso el broche enfatizando el carácter de «tradición» del bonito del norte en las mesas asturianas, algo que «nadie pone en duda en Gijón». Y, finalmente, llamó a todos los presentes a seguir participando, en aras de preservar esa larga historia culinaria, sí, pero también de buscar nuevas maneras de adaptarla a la constante búsqueda de nuevas experiencias de los paladeres,