«Cuando entramos pensaba que estábamos hablando de 150 perros y nos fuimos a 347 animales», recuerda Alejandra Mier, responsable del Centro de Protección de Animales, donde se trasladaron los canes en la intervención del criadero de Serín por parte de la UPRONA de la Guardia Civil

El último episodio de ‘El Dogcast de la Canina’, podcast de la Real Sociedad Canina de España, estuvo dedicado al caso del centro canino de Gijón donde fueron rescatados 347 perros el 21 de abril por presunto delito continuado contra los animales, con un largo debate entre la diferencia entre criar y explotar, con preguntas de los usuarios que lo seguían en directo. Como invitada estuvo Alejandra Mier, responsable del Centro de Protección de Animales, testigo de excepción de lo que pasaba en la trastienda de sus instalaciones al participar junto con la Unidad de Protección de la Naturaleza (UPRONA) de la Guardia Civil en la intervención para coordinar el traslado de estos seres vivos. Un relato que sigue horrorizando.
«Fue muy desagradable», confiesa Mier en su primera intervención, que recuerda como especialmente desagradable «que las perras estaban en trasportines, donde vivían hasta que los cachorros tenían mes y medio. Las limpiaban cada día, sí, pero no salían de sus trasportines para nada. Tenían ahí un vivero de conejosy una lamparita de calor, que algunas tienen quemaduras porque no había espacio para todos». Además, cada caja contaba con «unas pegatinas que ponían el tema de los partos: siete, ocho, se ha comido a los cachorros, los ha matado, se los ha vuelto a comer… Lo de laspegatinas es una de las cosas más terribles».
También sorprendió a Mier «el volumen desmedido. Cuando entramos pensaba que estábamos hablando de 150 perros y nos fuimos a 347 animales». Y «la demanda que tenían altísima. Estando allí llegó una compradora a visitar a su cachorro, que se encontró todo el operativo», momento en el que la gijonesa explica que «mucha gente le está echando la culpa a los compradores, pero al comprador sólo le enseñan la parte bonita, la parte comercial, pero ven nada de la trastienda. Cuando aquella chica vio que se levantaron aquellos portones que ponían ‘prohibido el paso’, de los que nunca había pasado, se le saltaron las lágrimas, como a todo el mundo». Señalaba, al respecto, que el objetivo del criadero, «tenían allí un cartel muy grande, era producir y vender 900 cachorros este año», pese a que «un 30 o 40 % se moría».
«Las perras, cuando llegué, pensaba que eran mucho más mayores», apuntó también la responsable de la Fundación Protectora de Animales de Siero, que gestiona el albergue municipal gijonés. «Había perras de 4 o 5 años con seis partos», asegura. Un deterioro que le afectaba también a los dientes: «Lo de las bocas es otra de las cosas que me dejó sorprendida, cómo la tenían tan destrozada. Empezamos a hacer limpiezas de bocas y se caían los dientes, que estaban sujetos sólo por el sarro».