El chileno, autor del trabajo fin de máster ‘La oferta de enoturismo de las bodegas con denominación de origen protegido en Cangas del Narcea y propuestas de mejoras’ considera que podría incluir varias ciudades, incluidas Gijón u Oviedo

Natural de San Felipe, población chilena situada en una zona vinícola, y conocedor también de otro importante territorio productor de vinos como la argentina Mendoza, cercana en el mapa aunque separada por los Andes, Francisco Muñoz aterrizó en Asturias en septiembre de 2024 para estudiar el máster de ‘Dirección y Planificación del Turismo’ de la Universidad de Oviedo. «Quería conocer un poco cómo estaba regulando el Estado español esta situación de la planificación del turismo pensando en la vía inmobiliaria, en lo que está pasando con las viviendas turísticas, un fenómeno que está bastante álgido y complejo en España». Sin embargo, al empezar el curso «me di cuenta de que hay un nicho de negocio interesante que se puede desarrollar, que tiene que ver con el enoturismo».
De ahí que dedicara su trabajo fin de máster a la cuestión, que tituló ‘La oferta de enoturismo de las bodegas con denominación de origen protegido en Cangas del Narcea y propuestas de mejoras’. Un trabajo que le sirvió para conseguir varios reconocimientos, entre ellos el ‘Premio Trayectoria Académica’ de los III Premios Trayectoria Visita Gijón Profesional, para estimular la realización de TFM relacionados con la sostenibilidad turística, que la Mesa de Turismo concedió en febrero, pero cuya entrega se realizó el 5 de agosto con motivo del ‘Día del Turismo’ en la LXIX Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA). «La actividad principal en Asturias tiene que ver con la sidra, sin embargo, respecto al vino, si bien es tan antiguo como la sidra, porque acá hay restos de romanos que hacían producción de vino en Narcea, y luego con mayor desarrollo durante la Edad Media en los monasterios, encontré un desarrollo muy lento y bastante distante. Percibí que la mayor parte de las bodegas realiza solamente el negocio de la producción de vino, pero que tienen material, tienen infraestructura suficiente, como para comenzar a desarrollar el enoturismo, que es hacer el negocio turístico, pero con la producción del vino. Hay algunas que sí, efectivamente, lo están haciendo ahora en los últimos años, pero creo que se puede hacer mucho más», explica el chileno.
Mirando para otros territorios, el premiado detecta que en Asturias lo que se entiende por enoturismo «es casi mezclar el vino con comida, una especie de visita gastronómica o de cata de degustación. Pero hay otro fenómeno, que existe en comunidades como La Rioja, donde se realizan otro tipo de actividades como spa de vino, con baños de vino; cursos de fotografía que tienen que ver con el vino; visitas al interior de las viñas… Una serie de actividades que son de enoturismo y que no tienen que ver directamente con la comida». En ese sentido, apunta que «con alguna inversión menor, con lo existente, se puede hacer esta actividad de enoturismo».
Producción artesanal
Otro aspecto que destaca son las rutas del vino, en este caso mirando a la autonomía más cercana a la Tierra de Cangas. «Galicia tiene cinco rutas del vino y nosotros, teniendo una producción de vino casi tan antigua como la de ellos, no tenemos ninguna». Es por eso que declara que «es el momento de crear una ruta del vino en Asturias» porque «hay potencial para hacerlo: hay cultura, hay tiempo, hay buenos vinos, vinos que ya tienen una característica propia, que no necesitan modelarse para copiar a alguien, sino que, con el alma que tienen, hacerse llamativo, distintivo y reconocible». Es en este punto cuando Muñoz recuerda que en nuestra comunidad «hay otro elemento que es mucho más interesante: la producción de vino heroica, que se hace en ladera, muy artesanal, ya que no ingresa maquinaria, y eso ya es un distintivo, un elemento que es destacable y que hay que poner en valor».
Cangas es el corazón vinícola de Asturias, pero una ruta del vino no tendría que centrarse únicamente en el suroccidente, considera Muñoz. «¿Por qué no puede pasar por ciudades distintas? ¿Por qué no puede pasar por Gijón o por Oviedo?», plantea este chileno que se ha establecido en la villa de Jovellanos y que trabaja en la capital, en el Centro de Información Turística del Principado de Asturias, donde realiza una práctica profesional. «Llegué con un propósito, que era entrar y salir de Asturias, pero me enamoré y me estoy quedando en Asturias», relata, al tiempo que avanza que «cuando finalice este periodo quiero dedicarme a volver a tomar contacto con las bodegas y villas del lugar para ver cómo podemos quizás iniciar o dar un empujón a este propósito de crear una ruta del vino».
Mientras, celebra con orgullo el reconocimiento otorgado por los agentes turísticos de la ciudad que ahora lo acoge. «Lo recibí con sorpresa, primero, porque yo tenía la sensación de que la materia buscada por parte del consejo que da el premio por la Mesa de Turismo tenía que ser una referencia más directa a Gijón, pero mi trabajo final de máster tocaba algunos temas que interesaban a la Mesa que tenían que ver con la sostenibilidad y la forma de generar desarrollo de negocio y atractivo turístico para Asturias. Quizás por ese lado pude haber convencido a sus integrantes para otorgarme el premio. Así que sorpresa y felicidad, porque todos los reconocimientos son bienvenidos», resumió el chileno a la espera de poder poner en práctica sus ideas para potenciar el enoturismo y la cultura del vino en Asturias.