Pese a que el césped había sido humedecido deliberadamente durante las horas previas, las chispas activaron un conato bien visible, aunque de escasa entidad, y que fue rápidamente extinguido por los Bomberos de Gijón y el Servicio de Salvamento

Es sábado, 15 de agosto y, por ende, último día de las Fiestas de Begoña; la Danza Prima y el ‘Restallón’ que se disfrutarán a partir de las 14 horas de hoy serán el broche que oficialice ese final. Sin embargo, a estas horas de lo que más se habla en Gijón no es de esa inminente conclusión, sino del buen sabor de boca general dejado por la Noche de los Fuegos. Ni siquiera la imposibilidad de ofrecer la esperada pirotecnia marítima opacó el éxito del espectáculo; pese a algún comentario crítico esporádico, lo que más se escucha en las tertulias, y se lee en las redes sociales, son palabras de elogio por el masivo despliegue, por la variedad de formas y colores, por la ajustada duración, por la carga de emoción del conjunto… Sin embargo, y como las anécdotas son el azúcar que endulza la vida, hay cierto detalle que también se comenta por doquier: el incendio -pequeño, eso sí- que, doce minutos después de la medianoche, se inició en las faldas del cerro de Santa Catalina, en su flanco marítimo. Un incidente de escasa entidad, cierto, pero lo suficientemente visible para que a pocos les pasase desapercibido.
Las decenas de fotografías y vídeos del momento que circulan por el mundo digital permiten componerse una idea de lo ocurrido, y el mismo Ayuntamiento no ha tardado en aportar detalles para acotar la -mínima- gravedad del suceso. Ya fuese una chispa, una pavesa o un trazo de pólvora que hizo una inadecuada combustión, el hecho es que la hierba al pie del Cerro comenzó a arder, con llamas bien visibles en contraste con la negrura del crepúsculo, y desprendiendo una amplia columna de humo que muchos confundieron con las que manaban de los propios fuegos artificiales. Un hecho curioso si se piensa que, en las horas previas, profesionales municipales habían regado a conciencia la vegetación de esa misma loma, a fin de humedecerla para prevenir tales eventualidades. Aun así, es de justicia insistir en que el alcance del incendio fue escaso; es más, en pocos minutos efectivos del Cuerpo de Bomberos de Gijón que se hallaban desplegados en las inmediaciones pasaron al ataque contra el foco, apoyados desde la mar por miembros del Servicio de Salvamento, a bordo de lanchas.
A los pocos minutos, todo estaba controlado y reducido a lo que hoy es: un mero chascarrillo, y uno de tantos que jalonan esta Semana Grande a punto de terminar.
Bien está que se cuente lo que ocurre y no lo que otros discurren.