La previsible presencia de «elementos de extrema derecha muy violentos» en la convocatoria de la FEMP, que se celebrará ante el Ayuntamiento, lleva a los organizadores a cambiar el emplazamiento, en coordinación con Delegación del Gobierno
Cualquier manual de autodefensa que se precie comienza enunciando una máxima universal, indiscutible y aplicable a todos los ámbitos de la vida: a menos que no quede más remedio que enzarzarse en él, la mejor forma de no entrar en conflicto es, justamente, evitarlo. Y eso es lo que han decidido hacer las organizaciones convocantes de la concentración de esta tarde contra el racismo, y en apoyo a Ceuta, alternativa a aquella impulsada por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Ante la anunciada presencia de determinados colectivos de extrema derecha, conocidos por sus discursos abiertamente discriminadores y su conducta agresiva, en esta última -secundada por el Ayuntamiento de Gijón, y la que también acudirán representantes del PP y de Vox-, los responsables de la primera han optado por cambiar la ubicación, descartar la plaza Mayor -donde se celebrará la de la FEMP- y trasladarse a la plaza del Marqués, a fin de evitar tensiones y conflictos entre las partes. Lo que sí se mantienen son las 20 horas como momento del encuentro, al igual que en el caso de la de la plaza Mayor. Y se espera una nutrida presencia de efectivos de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, para prevenir cualquier potencial incidente.
Fue a última hora de ayer martes cuando la representación de esas mismas organizaciones, encabezada por Asturias Acoge, se reunió con la Delegación del Gobierno central en Asturias, para abordar el asunto desde un enfoque de seguridad. Según fuentes cercanas, consultadas por este diario, la propia Delegación «nos recomendó que cambiásemos de sitio, aunque nosotros habíamos registrado nuestra concentración antes». Y es que ya durante buena parte de la jornada habían proliferado las dudas y las opiniones enfrentadas, motivadas casi en su totalidad por esa concurrencia a la plaza Mayor de «elementos extremistas de derechas muy violentos, incluso neonazis». Nombres como el de «Núcleo Nacional» o «la Asociación Cultural ‘Alfonso I'», dos conocidos colectivos de ese perfil, son los que más se escuchaban en las voces de los convocantes, algunos de los cuales llegaron a platear cancelar la cita. No obstante, al final se ha optado por esa solución de compromiso que es, sencillamente, modificar el escenario. Hecho eso, «será la policía la que tenga que hacer respetar la democracia; esperamos que lo haga». Por su parte, se están difundiendo en sus redes sociales manuales de conducta en los que se insiste en el carácter pacífico del evento, instando a no insultar, lanzar objetos o incurrir en provocaciones de cualquier tipo.
Sea como sea, la convocatoria de estas concentraciones, hecha coincidiendo con la celebración este miércoles del Día de Ceuta, ha estado marcada por la polémica desde el primer momento, y a escala nacional. El que los encuentros, teóricamente de carácter solidario, fuesen convocados unilateralmente por el componente del PP en la FEMP, hoy por hoy mayoritario, sin consultar al resto de fuerzas integrantes desató las primeras tensiones, pues desde entonces el PSOE y otras fuerzas de izquierda han temido un uso político de tales concentraciones para tratar de desgastar al Gobierno de la nación. Con la asistencia, o la ausencia, en manos de cada Administración y partido político, en Gijón tanto los socialistas, como IU y Podemos se desmarcaron de la cita, pero no así el PP, Vox ni tampoco Foro, cuya presidenta, Carmen Moriyón, a la sazón alcaldesa de la ciudad, confirmaba ayer, a través de sus redes sociales, su apoyo a la concentración de la FEMP, y la colocación de la bandera ceutí en el balcón de la Casa Consistorial. Paralelamente, colectivos como los mencionados Núcleo Nacional y ‘Alfonso I’ han anunciado que asistirán a esas concentraciones, argumentando una supuesta necesidad de plantar cara a una acción, el masivo cruce de la frontera, que entienden como una «invasión» y una amenaza de la identidad nacional.