«Gijón requiere de una hostelería de un poco de nivel y de prestigio», apunta el responsable desde 1989 junto a su esposa Charo Ballina del popular merendero situado en Cabueñes, en el cruce del desvío a Deva; «nuestro reto es seguir mejorando», afirma días después de recoger el galardón en la FIDMA

Conoció en febrero, a través de una llamada, la concesión por parte de la Mesa de Turismo de Gijón/Xixón del ‘Premio Trayectoria Profesional’ de los III Premios Trayectoria Visita Gijón Profesional y el 5 de agosto, Día del Turismo en la LXIX Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA), recibió la distinción. «Primero estás un poco nervioso, pero luego bien», confiesa Luis Meana, el premiado propietario del restaurante y merendero El Cruce, quien «agradece mucho» este galardón. «Es muy gratificante que te reconozcan en tu casa, además viniendo del Ayuntamiento y del sector del turismo».
Sus 37 años al frente del popular establecimiento de Cabueñes y su implicación en proyectos para impulsar la hostelería local y la calidad turística del destino llevaron a la Mesa de Turismo a decantarse por Meana para recibir este premio.«La capacidad de adaptación ha marcado siempre su camino: profesionalización e innovación constante son los principios que guían su gestión. Detrás de cada servicio y de cada cliente hay una forma de entender la hostelería basada en el esfuerzo, la cercanía y la mejora continua. Pero, sin duda, uno de sus grandes valores ha sido construir y mantener un equipo humano estable, comprometido y motivado», apuntaba el acta.
«Empezamos en El Cruce en 1989 mi mujer, Charo Ballina, y yo con 21 años. Y ahí estamos», relata el hostelero. Se trataba entonces de un ‘barín’ que antes había funcionado como ‘chigre-tienda’. Con el paso de los años, tras fidelizar una clientela, se ha convertido en un referente de la zona rural del concejo. «Realizamos una reforma en 2008, que se abrió en 2009, y ahora se trabaja mucho más en plan de restaurante, la verdad», añade. No obstante, «no queremos perder la esencia de lo que es un merendero: la tortilla, les croquetes, los calamares… Y luego, claro, está la carta, con arroces y hasta pescados».
Una evolución que podría compararse a la vivida en la ciudad con el turismo. «Gijón requiere de una hostelería de un poco de nivel y de prestigio», reflexiona, y «en lo que se refiere al comercio, ahora mismo hay unas tiendas guapísimas y unos locales superbuenos, con gente muy profesional». Por ello considera que «Gijón lo está haciendo muy bien. Llevamos un montón de años intentando hacer las cosas bien para tener un turismo de calidad», a lo que añade que «lo que te comenta el turista es que hay mucho volumen de gente, pero no te habla mal de los sitios».
Mirando hacia el futuro, Meana apunta que «nuestro reto es seguir mejorando, que el cliente que vaya a El Cruce esté a gusto, que se sienta como en casa y que marche feliz y contento», mensaje que también expande al sector turístico gijonés. Así, en ese sentido global, apunta que «será un reto difícil, pero hay que intentarlo».