Orgulloso tras recoger uno de los Premios Trayectoria Visita Gijón Profesional de este año, concedido al centro que dirige por su carácter innovador, este antiguo periodista reconvertido en docente analiza los méritos del CIFP y las puertas laborales que abre

Roberto Suárez Malagón (Gijón, 1971) es hoy un hombre feliz. Y tiene motivos para ello, por supuesto; como mínimo, motivos profesionales. Veintiocho años después de que este antiguo periodista diese un giro de timón a su vida laboral y se convirtiese en docente, y a menos de un mes del inicio de su tercer curso como director del Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP) de Hostelería y Turismo de Gijón, el que la institución que capitanea haya sido merecedora de uno de los Premios Trayectoria Visita Gijón Profesional de este 2026, concedido en la categoría de Trayectoria Innovadora, no deja de llenarle de satisfacción, orgullo y redoblado afán de esfuerzo. A él, y a los casi setenta profesores de un centro por el que, de media, pasan cada curso unos 600 alumnos, distribuidos en las dos formaciones que se imparten allí. Un espaldarazo más para un espacio que este noviembre alcanzará tres décadas de actividad en su actual ubicación, y que encara el futuro con la misma filosofía que le ha permitido convertirse en referente: apostar por la calidad educativa mediante un aprovechamiento de los recursos más novedosos y punteros que el mundo ha puesto, y seguirá poniendo, ante sí.
«Fue muy emocionante, un momento muy agradable, una alegría y un acicate para seguir trabajando», admite Suárez, que aún recuerda nítidamente la jornada del 5 de agosto. Y es que, aprovechando el Día del Turismo en la 69ª Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA), la vicealcaldesa de la ciudad, Ángela Pumariega, puso en manos del director del CIFP el diploma y la escultura que certifican el éxito del centro. ¿El secreto de ese logro? La propia designación del premio lo revela: la innovación. «Tratamos de ofrecer una FP menos tradicional y más basada en proyectos, aplicando cualquier nueva tecnología al ámbito profesional», comienza a explicar Suárez. Tal apuesta constituye un atractivo para los potenciales alumnos, sí, pero también suerte efectos prácticos, como un aprendizaje inmersivo y moderno en reciclaje, gestión de la cadena alimenticia, control de los desperdicios, tramitación de reservas, comunicación… Un ejemplo claro, dentro de la rama de Turismo, es la iniciativa ‘Límite Cero Tours’, en el marco de la cual los estudiantes deben hacer un viaje real mientras están en el centro. Además, ese bagaje tiene una pronta traducción empírica, pues las prácticas se cursan casi de inmediato. Todo ello, por no hablar de que servicios como el comedor, la cafetería y la coctelería, aparte de formar, están abiertos al público.
«Somos proveedores de felicidad, pero eso no implica tener siempre razón; aquí enseñamos que, cuando eso pasa, hay que orientar al cliente, siempre educadamente, hacia donde debería estar, y reubicarle allí»
El azar ha querido que el honor del premio llegue en un momento dulce para el turismo pero, al mismo tiempo, delicado para la hostelería. Mientras que Gijón sigue despuntando en el primero de ambos sectores, lo que, a juicio de Suárez, «es otro aliciente para que los alumnos se decanten, aparte del trato con personas y la necesidad de formación constante», bares y restaurantes se ven en dificultades para encontrar profesionales dispuestos a aceptar las condiciones ofrecidas. Frente a ello, el director del CIFP es honesto. «De nuestro centro salen alumnos muy preparados, con experiencia Erasmus y con capacidad para elegir los mejores sitios para trabajar; ellos son la prueba de que, si el sector realmente quiere sobrevivir con buena atención y calidad, tendrá que ofrecer buenas condiciones laborales: descansos, salarios atractivos… Si no, habrá un problema importante», augura. Por suerte, los tiempos em que el cliente parecía tener siempre la razón van quedando atrás; a ese respecto, Suárez explica que «somos proveedores de felicidad, que es lo que buscamos en un hotel, o un restaurante, pero eso no implica tener siempre razón; aquí enseñamos que, cuando eso pasa, hay que orientar al cliente, siempre educadamente, hacia donde debería estar, y reubicarle allí».
No obstante, a tres semanas y cinco días para el inicio del próximo curso, en el CIFP están ahora a ultimar los detalles de la programación lectiva, a dejarlo todo debidamente atado de cara al inminente regreso a las aulas… Y, por qué no, a pensar en formas de festejar el galardón logrado, algo a lo que ayuda esos treinta años de presencia en el paseo de Begoña que el entro cumplirá en noviembre. «Haremos diferentes celebraciones vinculadas a antiguos alumnos; ya tenemos un montón de promociones por el mundo, mucha gente con Estrellas Michelín… Y aprovecharemos para celebrar este reconocimiento», desvela Suárez. Hasta entonces, la doble meta a cumplir es alcanzar el 100% de matriculación en todos los ciclos, y seguir implementando cuantas novedades brinde el mundo. «Toda propuesta que nos llega del ámbito profesional, del sindical, de la Administración o de cualquier otra parte, que implica enseñar de manera diferente, la cogemos al vuelo», concluye el director. «A lo que nos surja el curso que viene nos apuntaremos, que es otra de las causas del premio: que no decimos que no a nada».