Desde el colectivo ‘Queremos comer bien’ llaman a la calma y recuerdan que esa cuantía, que elevaría en un 45% el coste actual del servicio, parte de un presupuesto que «podría bajar, en función de las ofertas que se presenten a la licitación»
Además, critican que, en el ámbito periurbano, los colegios gestionados por el Principado «sí cuentan con cocinas propias, y solo se pagan 80 euros al mes», y advierten de que seguirán luchando por el traslado de ese modelo a la zona urbana

No… El nuevo pliego que marcará la transición del servicio de comedores en los centros escolares de Gijón de la actual ‘línea fría’ a la ‘caliente’ no parece haber acabado con las diferencias entre las partes implicadas. Al menos, no totalmente. Dos días después de que, este martes, la Junta de Gobierno Local aprobase el expediente de contratación necesario para su adjudicación, varias voces, políticas y civiles, se han alzado contra varios de los puntos que el documento incluye. Y uno de ellos centraliza la mayoría de las quejas: el precio. La previsión de que cada familia pueda tener que pagar hasta 147,34 euros mensuales, un incremento del 45% sobre el coste actual, preocupa e indigna por igual, si bien no faltan posturas más sosegadas. Entre ellas, la del colectivo ‘Queremos comer bien’, que hoy jueves ha hecho propio el mensaje lanzado por la Concejalía de Educación a principios de semana, y ha matizado que el precio final, probablemente, será inferior. Eso sí, sus representantes advierten: en caso de que no merme, podría ser «inasumible».
«Estamos viendo mucho alarmismo, mucha especulación; que es normal, porque el tema preocupa, pero aún es pronto», conceden los portavoces de ‘Queremos comer bien’ consultados por este diario. Y es que, no conviene olvidarlo, todo proceso de licitación culmina -o debería hacerlo- con la adjudicación a aquella de las empresas candidatas que haga una oferta ajustada a los requisitos, sí, pero más económica. Así, cabe esperar que las propuestas presentadas por las compañías aspirantes reducirán la cuantía de salida -18.752.750,96 euros con IVA, sobre un contrato de treinta meses, más otros veinticuatro, con un valor total de 42.409.267,77 euros-, por lo que esos hipotéticos 147,34 euros al mes «van a quedar en menos». Además, desde la Concejalía de Educación, presidida por el edil del PP Jorge Pañeda, ya se adelantó que se reforzaría el sistema de becas de comedor, a fin de ajustarlo a ese incremento del coste, un punto confirmado posteriormente por la alcaldesa, la forista Carmen Moriyón. Todo ello, sin embargo, está por calcular, y no podrá ser precisado hasta que el contrato esté adjudicado, y se sepa su presupuesto final. De ahí esa llamada a la paciencia.
«Como el precio no baje, nos pondremos a la cabeza de España; en Cataluña, que es la comunidad más cara, pagan 7,83 euros al día; en Cantabria, 5,70; en Madrid, 5,50… Aquí, 8,5»
Colectivo ‘Queremos comer bien’
Ahora bien… ¿Qué ocurriría si, ya completado el proceso, el precio para las familias llega a ser el mencionado? En ‘Queremos comer bien’ lo tienen claro: sin una adecuada red de ayudas municipales que amortigüe el sobrecoste -hoy por hoy, se beneficia de ellas en torno a un 80% de los usuarios-, «se volverá inasumible para las familias; imagina lo que sería tener dos hijos, que no los hayan becado, y tener que pagar casi 300 euros al mes…». Más aún, de establecerse el precio en 147 euros mensuales, alrededor de 8,5 diarios, «nos pondríamos a la cabeza de España; en Cataluña, que es la comunidad más cara, pagan 7,83 euros al día; en Cantabria, 5,70; en Madrid, 5,50…». Y todavía habría un factor de frustración extra; uno que no parece que vaya a desaparecer ni aunque el coste final se aleje de esos 147 euros: el agravio comparativo con los centros educativos ubicados en la zona periurbana de Gijón, y dependientes de la Consejería de Educación. Allí, recuerdan desde ‘Queremos comer bien’, «las cocinas están en los propios colegios, y se pagan 80 euros mensuales, el tope fijado por el Principado; o sea, que, dependiendo del centro al que vayan tus hijos, desembolsas más o menos dinero».
Precisamente esa última, la de las cocinas de proximidad, es la cruzada en la que siguen empeñados, y seguirán, los padres que participan de esta lucha. «Puede que la ‘línea caliente’ no sea tan nociva como la ‘fría’, pero sigue siendo cocina industrial; aparte, no nos parece normal pagar más porque nos traigan la comida, que por hacerla en el propio colegio, como pasa en el Gijón periurbano», reflexionan desde el colectivo. De ahí que la próxima llegada de la ‘línea caliente’ a los 32 centros urbanos beneficiarios del servicio sea vista no como una victoria total, sino como un alivio provisional, y como un cambio que proporcionará algo mucho más valioso: tiempo. «Tenemos por delante cuatro años y medio, la duración del contrato y de sus dos prórrogas, para organizarnos y seguir exigiendo cocinas de proximidad», adelantan. Y es que, coinciden todos los integrantes de la plataforma, «aunque sean un desembolso inicial importante, luego saldremos ganando todos: Gobierno, proveedores, cocineros, padres… Y, sobre todo, los alumnos, que son los más importantes, y de los que, a veces, menos se habla».