
POR LUIS MANUEL MADIEDO HONTAÑÓN, CATEDRÁTICO DE INSTITUTO Y ABOGADO
«Lo que debería hacerse es construir más viviendas, cuantas más mejor, con toda clase de promociones: privadas, públicas, cooperativas, etcétera, y dejarse de topar precios»

Realmente buscar un lugar para independizarse y vivir su vida se ha convertido en un problema muy grave para las nuevas generaciones y no solo para ellas, también para quienes no consiguieron solucionar esta situación a lo largo de su vida, en ocasiones vidas muy largas.
Algunos dirán que nada nuevo bajo el sol. La diferencia con otros momentos de la reciente historia de España sería que hay agentes externos que convierten la vivienda en nuestro país, y más en el norte, cambio climático incluido, en un lujo inalcanzable para la mayoría.
Ante este problema real, al menos en Asturias, lo que más nos afecta, se plantea una solución comunista cada vez más obvia, que intenta condicionar por completo las políticas del Gobierno Barbón, de la mano del consejero Zapico que, al parecer, se ha creído que gobierna en el Principado. Esa solución se puede resumir en pocas palabras: topar, limitar, zonas tensionadas; el mercado no existe.
La cuestión a debatir sería que el mercado sí existe y hasta el día de hoy nadie ha conseguido demostrar que no sea el mejor mecanismo de distribución de los recursos. Las soluciones de corte comunista suelen generar el efecto contrario al necesario, no digo al pretendido, ya que ese igual lo consiguen, y se resume en un concepto fácil de entender: me lo debes a mí.
Lo que debería hacerse es construir más viviendas, cuantas más mejor, con toda clase de promociones: privadas, públicas, cooperativas, etcétera, y dejarse de topar precios. Que sea el mercado el que decida; por supuesto, eliminar las zonas tensionadas.
Dejemos entrar el aire fresco del mercado, de la ley de la oferta y la demanda, en el ruedo de la vivienda. En general, como el toro en la plaza, el mercado suele poner a cada uno en su sitio, y después ya intervendremos para resolver los desajustes.
Lo que no sirve es empezar la casa por el tejado, en este caso repartiendo miseria, como suele ocurrir con el comunismo.